Un verso duerme junto a mi ventana
abrigado por los trazos de un renglón;
duerme y su corazón es utopía cercana
tejida por los hilos de la sinrazón.
Son oraciones que aran en una tierra lejana
y sus señas se remontan a una gran proeza
hecha de greda y ecos de la naturaleza
de sueños de poeta aparecidos en mi ventana.
Es un sortilegio que se enciende en mi boca
y hechiza el aire de las atropelladas frases
imposibles que deshacen lo que tocan.
El verso duerme en mi ventana y evoca
los trazos celestes que se van fugaces
detrás de los versos que hoy me evocan.