Rafael Blanco López

Forjador de sueños

No sé cuándo aprendí a inventar mañanas. Quizá fue de niño, cuando un pedazo de papel podía convertirse en un barco y el suelo de la sala en un océano interminable.

 

Después al crecer, descubrí que los adultos también necesitamos imaginar que existe una puerta al otro lado del mañana.

 

Desde entonces soy cultivador de imposibles.

Los guardo cuidadosamente en los bolsillos: un viaje que todavía no ocurre, un amor que aún no llega, una palabra que algún día tendrá el valor de cambiarlo todo.

 

No soy forjador de sueños perfectos.

 

Los míos tienen dudas y noches difíciles. Pero funcionan. Porque un sueño no necesita prometerte que todo saldrá bien.

Solo necesita convencerte de que vale la pena dar un paso más.

 

Y mientras alguien siga caminando hacia algo que todavía no existe, yo tendré el maravilloso trabajo de estar ahí.

 

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Rafael Blanco López 

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