A los benditos poetas muertos,
a aquellos que soñaron ser famosos;
algunos, ya caídos, quedaron lejos
de aquellos sueños firmes y gloriosos.
A los temerarios poetas muertos,
que alzaron contra el miedo su palabra,
que denunciaron verdades y secretos
cuando decir la verdad ya era una carga.
A los románticos poetas decimonónicos,
para quienes poesía y vida eran una,
ebrios de sueños, de amores y demonios,
bajo la incierta luz de alguna luna.
A los idealistas bardos modernistas,
innovadores, adelantados a su tiempo,
soñadores, rebeldes e ilusionistas,
que hicieron de sus versos pensamiento.
A todos ellos, poetas olvidados,
a los que el mundo apenas reconociera,
a los que murieron siendo soñadores
sin ver cumplida la gloria que quisieran.
A los benditos poetas muertos,
que hicieron de la palabra su destino:
brindo por ellos, por sus versos,
por haber soñado un mundo distinto.