Llegaba en la vigilia del sueño
como lémur inventado,
sombra sin sombra,
sin hálito, sin voz.
No sentía miedo,
pero sí un ligero sinsabor
de ignorar de dónde venía
aquella presencia.
Llegaba de noche
en el primer sueño,
unas veces sola,
otras en compañía.
Despertaba y allí estaba
a los pies de su lecho
al mirarla, avanzaba hacia ella
y desaparecía sin más.
Pero una noche, abrió los ojos
y estaba a su cabecera
mirándola como quién mira a un hijo
acabado de nacer.
Una ligera niebla humedeció su mirada
pero solo el silencio
desvaneciéndose,
retumbó entre las paredes.
¿Realidad?
¿Ilusiones, quiméricas?
¿Alguien la espera
al otro lado del sueño?
¿O una criatura benigna
la arropa en su soledad?