Almohade
El vĂnculo invisible
Bajo el dosel de su alcázar de plata,
llora la infanta su jaula de honor;
pesa la herencia que el alma desata,
toda la gloria le sabe a dolor.
Busca en el cielo la luz que rescata
su juventud de un invierno opresor.
En el silencio del musgo y la roca,
guarda la vieja tortuga el saber;
mide los siglos que el tiempo provoca,
viendo imperios caer y nacer.
Su lento paso la prisa revoca,
ella es la calma que enseña a crecer.
Cruza el mendigo las puertas de hierro,
firme la estirpe de su alma procaz;
lleva en los hombros el peso del destierro,
mas en sus ojos habita la paz.
No busca el oro que juzga en el encierro,
busca una mano que sea capaz.
Fúndense al fin en el mismo destino
trono, constancia y humilde cantar;
hácense uno en el rudo camino,
tres voluntades que logran mudar
toda la hiel en un bálsamo fino,
toda la pena en un limpio mirar.
Es esta unión el misterio sagrado:
no hay altiveza que pueda vencer
cuando el destino se encuentra enlazado.
Fuerza, paciencia y nobleza del ser,
triada eterna que el tiempo ha dejado
como la luz de un eterno nacer.