Exhalaban los labios de los peces
un vaho de silencio que cubría
de oscura intimidad a los cipreses
donde la luna luna se escondía.
los amantes hablaban con las manos
embrujando la sangre sin espera
su lucha era reyerta de gitanos,
la noche era una espesa cabellera.
Los bucles se anillaban en sus dedos
parecían sortijas de oro y plata.
Era su piel arena de los ruedos,
y sus ojos estoques de hojalata.
En los rostros de cal y de aceituna
se reflejaba el alba inoportuna.