Antonio Portillo

El reparto de la cal

 

​—Tú aprietas el nudo —dijo la cal—,

metes la fiebre en la raíz del hueso

y obligas al barro a levantarse,

a pedir agua,

a gastar las uñas contra la piedra.

​—Tú no inventas nada —respondió la sangre—:

solo esperas al borde del surco,

recoges lo que la lluvia desgasta

y llamas silencio

a lo que ya no tiene fuerza para arder.

​—No te confunda el hambre —insistió la cal—:

yo no empujo, nivelo.

Borro la arruga de la sábana,

devuelvo el hierro al óxido

y saco el frío del fondo de la tierra

para que la carne descanse de su forma.

​—Y sin embargo —dijo la sangre—,

mientras mides la sombra en la pared,

todavía tengo que abrirte la boca

para que respires.

Antonio Portillo Spinola ©