Luis Barreda Morán

Hijos del viento

Hijos del viento

Hay una voz antigua
que despierta cuando el viento
sacude los árboles de la montaña;
una voz que no aprendimos en los libros,
porque venía escondida
en la sangre de nuestros abuelos.

Somos hijos de una tierra
que conoce el nombre de la lluvia,
que guarda bajo el maíz
la memoria de quienes caminaron antes que nosotros,
de aquellos hombres y mujeres
que miraron el horizonte
sin pedir permiso al miedo.

Llevamos en las venas
una historia hecha de barro y fuego,
de noches junto a la montaña,
de manos que sembraron la esperanza
cuando parecía imposible cosecharla.

Y por eso,
cuando el viento atraviesa los campos,
algo dentro de nosotros responde.

No nacimos para vivir de rodillas.

Somos hijos del cielo abierto,
del río que no pregunta a la piedra
si puede seguir su camino,
del ave que extiende sus alas
y convierte la distancia
en una forma de libertad.

Que nadie confunda nuestra humildad
con obediencia.

Sabemos inclinar la frente
ante la tierra que nos alimenta,
pero no ante quien pretende
comprar nuestra dignidad.

Porque la libertad
no es una palabra escrita en una bandera:
es la respiración profunda
de un pueblo que decide permanecer de pie.

Y si mañana vienen por nuestro suelo,
encontrarán raíces.

Si vienen por nuestra memoria,
encontrarán voces.

Si vienen por nuestros sueños,
encontrarán millones de manos
levantadas como árboles
contra el viento.

Entonces caminaremos.

No por odio,
sino por amor a la tierra;
no para conquistar otros cielos,
sino para defender
el pequeño pedazo de mundo
que nuestros mayores
nos entregaron con sus nombres.

Que ruja el viento sobre las montañas,
que corra el río hacia el mar,
que vuelen las aves sobre los pueblos.

Nosotros seguiremos aquí,
con la memoria encendida,
con el corazón mirando al horizonte,
con la dignidad intacta.

Porque mientras quede una semilla
capaz de romper la oscuridad,
mientras exista una voz
que se niegue a callar,
mientras un pueblo recuerde
de dónde viene,

ninguna cadena será eterna.

Y habrá siempre un camino
abierto hacia el cielo.

Habrá siempre un viento
que nos enseñe a caminar.

Habrá siempre una tierra
por la que valga la pena
defender la libertad.

—Luis Barreda/LAB