¡Oh vida! ¿ por qué sobre mi frente inclinas
tu cetro de sombras y de adversidad?
Mis manos sembraron jardines y espinas,
mas sólo recojo esterilidad.
He llamado al cielo con voz dolorida,
de rodillas, humilde, con ciega ilusión;
y el cielo, inmenso, sin darme acogida,
vistió de silencio mi pobre oración.
¿Dónde han ido mis sueños dorados,
las rosas de mayo, la blanca ilusión?
Los vi, uno a uno, caer deshojados
bajo el hierro oscuro de la decepción.
Mientras otros levantan sus claros destinos
y beben el néctar del triunfo y la paz,
yo cruzo los desiertos, pedregales, espinos,
sin hallar la fuente que calma mi faz.
¡Qué larga la noche del alma que espera!
¡Qué lenta la hora que no quiere abrir!
La fe, que era estrella, se torna quimera;
la esperanza aprende, en silencio, a morir.
Y sin embargo, en el fondo del pecho,
donde aún suspira un temblor de arrebol,
permanece escondido, pequeño y deshecho,
un grano invencible sediento de sol.
Tal vez Dios no ignore mi llanto callado,
ni el peso invisible de mi padecer;
tal vez, cuando todo parezca acabado,
nazca entre las ruinas un nuevo amanecer.
Porque aun la perla se engendra en la herida,
y el lirio más puro florece al sufrir;
quizá lo que hoy juzgo perdido en la vida
mañana sea el alba que vuelva a venir.
FLOR OLIVA R. _ Autora
Todos Los Derechos De Autor Reservados.