A la Musa, Idealizada
Alza, oh Musa, tu luz de eterno fulgor,
desde el monte sagrado donde moras pura;
despierta en mi pecho la antigua dulzura,
y presta a mi canto tu inmenso valor.
No eres de este mundo, ni sabes de olvido:
tu frente de nácar, tu voz de cristal,
bajo tu mirada lo oscuro es vencido,
y el verso se eleva, inmortal y sin mal.
Bendita hermosura que el tiempo no aja,
pureza sin mancha, gracia sin igual;
tu sola presencia la mente despierta,
y guía mi pluma por sendas de luz real.
Por ti lo que es simple cobra nobleza,
lo breve se alarga, lo humilde se exalta;
no busco otra gloria, ni busco otra riqueza,
que el don de tu inspiración sagrada y alta.
Si tú me acompañas, la rima florece,
el verso obedece, el alma se alza;
si te apartas, todo se vuelve silencio…
¡Oh Musa inmortal, quédate en mi casa!
Que al fin, cuando el tiempo me lleve lejos,
y ya no me encuentren los siglos que vendrán…
queden mis versos, nacidos de tu aliento…
y tu luz eterna… en ellos… brillará.
NOAH SUBIN