El mundo ha cambiado tanto desde la última vez que nos vimos: los inviernos han dejado más canas en mi cabello, las noticias siguen repitiendo los mismos ecos y los rostros del poder van y vienen sin importar. Ha pasado más de una década desde que nuestras vidas tomaron rumbos distintos, pero en medio de todo lo efímero, este amor permanece intacto.
Le he dado más vueltas en el silencio de las que imaginas, hasta llegar a una sola certeza que hoy necesito compartir:
Una parte de ti se quedó a vivir en mí. Es como si una hebra de tu esencia se hubiera fundido con mi propio corazón, marcando el compás de cada latido que le da vida a mi pecho. Por eso me resulta imposible no pensarte a cada instante; por eso tu ausencia me duele con tanta vigencia. A veces las palabras cotidianas se me escapan y pierdo el hilo de las frases, pero sé, con una extraña certeza, que las noches en que el desvelo te roba el sueño son las mismas madrugadas en que yo también busco tu sombra en el silencio.
De repente, la distancia y el tiempo han dejado de ser un enigma: todo tiene sentido al comprender por qué, con cada vuelta del reloj, este sentimiento solo aprende a crecer.