Hacía tiempo que no me veía caer por un acantilado en uno de mis sueños. Aunque en esta ocasión no caí del todo, de igual forma tuve que atravesar el miedo, esconder mis secretos y desnudar el alma: calibrar el peso del corazón con la caída de la hoja de un árbol. Por unos instantes mantuvieron el ritmo, pero de golpe desperté. Al tocarme encontré un agujero en mi pecho, un enorme abismo atravesaba el colchón, ahí pude ver mi corazón en el suelo.