La calima radiactiva envuelve la tarde,
Una fantasmagoría colapsa el atardecer,
hace huir la noche y apaga las estrellas.
La sangre recorre estrechos canales buscando la luz
hasta llegar al ojo rojo irritado,
ciego por la quemazón de la realidad desintegrada.
En los aledaños del infierno la multitud triste
espera sin mostrar signos de esperanza.
Beben del orgullo ácido, esencia del mal,
incapaces de comprender la inefable desdicha.
Los cuervos graznan mirando la Luna,
ofreciendo en sus picos restos de carroña.
El tiempo ha parado las agujas del reloj
como un toro se arrodilla esperando el descabello.
El rumor, originado en la cólera reprimida,
crece desde la memoria oscura hasta rasgar
la misma esencia de lo humano
y rompe en el malecón de la ira enajenada.
Soy uno de esta multitud acobardada y deprimida.
Esperamos, apoyados en la psicosis masiva,
como si reunidos por el temor y el espanto
evitáramos la llegada del temible día.
Se descompone el mundo como piel necrosada por la lepra.
Es la evidencia de la ignorancia, el orgullo y la incredulidad,
cuya alianza lleva a la estupidez y la sumisión.
¡Enmudeced, decidíos a observar!.
¡Callad y atended a vuestros corazones!.
En ellos está la información sobre la verdad y el bien.
Recordad los cadáveres que pululaban recostados e inermes
mientras vosotros, desdichados, huíais
desorientados hacia el destino desconocido.
Un murmullo permanente de ayes y lamentos,
el dolor que se agolpa en las sienes,
la tensión en la garganta que atipla el susurro,
el temor que envuelve la piel húmeda y fría de la multitud,
los muertos, tantos y tan olvidados,
¿no es para gritar hasta desgañitarse, regurgitar y enmudecer?.
¡Vomitad los cobardes vuestra cobardía!.
¡Encended, con brío, vuestra esperanza!.
¿Dónde está la gallardía?. ¿Dónde la libertad?.
El mundo es vuestro hasta agotar el tiempo asignado.
Muertos se fueron sin terminar su labor.
¡Llamadlos y ofrecedles la luz del cirio!.
Ahora sufren con dolor en la cárcel del olvido.
Todos fuisteis tejidos en el útero materno
vigilados por el supervisor de almas y emociones.
Escuchasteis el mecanismo, artesano incansable, de la sangre
transportando la información de generaciones perdidas.
Vuestros nervios fueron hechos para la defensa de la vida
y para alcanzar la paz que habita en vuestras profundidades.
Agostad el miedo.
Quemadlo en las brasas del amor y la esperanza.
Suprimid el orgullo que apaga todo fuego y confunde el espíritu.
Los muertos se fueron con los muertos.
Nunca han dicho sus labores, pero sus ojos vacíos
son linternas que iluminan la verdad.
Están en el tiempo de la apoteosis en la historia perdida.
¡Despertad vosotros que os habéis abandonado en la desesperanza!.
Dejad los postizos en manos de la ignorancia y la holgazanería.
Trabajad en la búsqueda del bien y la dignidad.
Buscad la vida.
Reconoced el mal que habita en vosotros.
La humanidad avanzará en pos de la humildad esencial y universal
que hará del mundo el Reino esperado.