Luis Barreda Morán

Corazón a la intemperie

Corazón a la intemperie

No sé guardar el corazón entre las manos,
como quien guarda una moneda
para el día de la pobreza.

El mío nunca aprendió a quedarse quieto,
se me fuga detrás de las miradas,
se deja caer donde alguien necesita abrigo,
y vuelve a mí con el perfume
de todas las vidas que ha rozado.

He querido amar con toda la fuerza
de los árboles cuando llega la primavera,
con esa antigua obstinación de la tierra
que vuelve a dar flores
aunque nadie se lo pida.

Y si alguna vez me rompen,
no será por haber amado demasiado,
sino por haber creído
que un corazón podía vivir
sin entregarse.

Por eso reparto lo que tengo:
un poco de ternura para quien llega cansado,
una palabra para quien camina solo,
un abrazo para quien ha perdido
el camino de regreso.

Que nadie me diga
que el corazón debe aprender a cuidarse.

El mío nació para la intemperie,
para arder bajo la lluvia,
para equivocarse de puerta
y seguir llamando.

Porque quizá amar sea esto:
dejar pedazos de uno mismo
en cada vida que tocamos,
hasta descubrir, una mañana,
que no estamos vacíos,

que aquello que dimos
regresó convertido en luz,
en memoria,
en otra forma secreta de vivir.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Diciembre, 2015.