Oh cruel verdad que rasgas, cual afilada daga, el corazón de aquella sencilla dama, no te era mejor esconder la verdad y permitir que aquella delicada flor en una mentira, se marchitara, pero sin el dolor de haber sido embaucada...
“Ay, si yo pudiera decirte
cuántas noches estuve triste,
cuántas horas suspiré
contemplando la aurora,
cuántas lágrimas derramé...”