Por la calle va pasando lentamente,
lleva un silencio triste en su camino
y detrás de ella, pálido el destino,
camina el tiempo, grave y penitente.
No solo lleva a un ser ausente,
lleva los sueños que quedaron lejos,
las palabras que fueron ya reflejos,
y un nombre que se apaga lentamente.
Ayer tenía manos que abrazaban,
una voz, una esperanza y un camino,
hoy solo queda un último destino,
y aquellos que en silencio lo lloraban.
¡Qué breve es eta vida que adoramos!
Hoy somos juventud, mañana historia,
hoy perseguimos fama, amor y gloria,
y al final, solamente nos marchamos.
Por eso, caminante, mientras puedas,
abraza a quien te quiere y está contigo,
perdona al que una vez fue enemigo,
y no dejes el amor para otras ruedas.
Estudia, sueña, lucha por tus sueños,
haz del bien, una luz en tu sendero,
porque el tiempo no vuelve, compañero,
y nadie es propietario de sus dueños.
Cuando la carrosa cruce tu mirada,
no pienses solo en quien se ha ido,
pregúntate ¿Qué harás con lo vivido?
antes de terminar tu larga jornada.
No esperes que la muerte, en su partida,
te enseñe cuánto vale un buen abrazo,
ni que el último reloj marque el fracaso,
de haber dejado a medias nuestra vida.
Vive mientras el alba esté encendida,
ama mientras haya un corazón cercano,
deja bondad sembrada por tu mano,
y convierte en esperanza cada vida.
Y cuando llegue el día inevitable,
cuando la carrosa emprenda su camino,
que no encuentre un corazón arrepentido,
sino una vida digna y memorable.
Que al marcharte no pregunte el mundo,
que riqueza llevaste en tu equipaje,
que recuerden tu amor, tu gran mensaje,
y el bien que hiciste mientras estuviste en este mundo.
Autor: Ángel R. Anaya Puerta
El Ángel de la poesía
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