Vi una pareja de jóvenes, en lo que parecía su primera cita, y solo atiné a llorar porque ya no estabas. Los días mantienen sus horas, el trancón de Bogotá sigue siendo inmarcesible y los cerros aún me preguntan por qué ya no me acompañas.
Ha aparecido un nuevo compañero, a quien le gusta sentarse a mi lado, tal vez muy cerca y hasta el punto de incomodar. A veces no dice una sola palabra, solo mira y existe. Otras veces llora, asfixiándome con el miedo de verte pasar. Es azul y a veces morado. Hay días en que cabe en mi bolsillo y otros en que es tan grande y pesado que me es difícil caminar.
En el silencio de mi herida ha comenzado a retumbar tu voz, derrumbando el fuerte que había construido para protegerme.
12 de marzo de 2024
Bogotá, Colombia