Un patio de tierra, las manos con barro,
las horas eternas de juego,
un tierno refugio de hojas y ramas,
la inocencia de un tiempo que no tiene prisa.
El crujir de hojas secas bajo mis pies descalzos,
los secretos guardados en un viejo baúl,
el barrilete forrado con papel de diarios,
un piolín con un mensaje al cielo azul.
La merienda en la mesa con pan y dulce de leche,
rodillas gastadas de tanto correr,
bolitas multicolores recuerdo en la nostalgia,
bolsillos llenos de sueños y fantasías.
Hoy miro a través de la ventana,
los recuerdos que me abrigan el alma,
el niño que fui aún sonríe en mi,
acurrucando en silencio su pureza y su calma