Hoy les traigo un nuevo cuento.
(Aunque nuevo no es del todo).
Es de un ser insatisfecho
que quería más tesoros
renegando siempre a diario
inconforme con sus logros.
Cierto día en la mañana
a la orilla de un gran fiordo
anhelaba la opulencia
y pensaba: —¡Cuándo y cómo,
tendré todo aquí en mis manos
sin tener mayores costos!
La ansiedad lo carcomía
como lo hace cualquier lobo
que va en busca de su presa
con sus dientes más filosos.
Mientras tanto iba aquel tiempo
avanzando como arroyo
que transcurre indetenible
con su canto en el entorno
como presagiando ese algo
que se esconde más de fondo.
Fue aumentando su riqueza
y también su patrimonio;
fue también acumulando,
más temores, más agobios,
pues quien tiene en abundancia
temeroso está al despojo.
¿Y si todo es mal habido?
¡Eso raya con el colmo!
Así pasa en esta vida
cuando el bolso está muy roto:
se va echando y no se llena,
la ambición es como el bromo
que intoxica lentamente
y al final… ¡Hay un velorio!,
si después de tanta angustia
y después de tener todo,
la visita de la parca
va a causarle un triste asombro
si esta llega sin aviso
y lo lleva justo al pozo…