Si yo fuera escritor de mis más hondos sentimientos,
compondría una obra para contarte lo que siento,
sin metáforas ruidosas ni excesos burocráticos.
Mas la verdad es otra,
no encuentro el trámite ni sé cómo expresar
que tu mirada es una ola,
un paisaje de alta mar,
con horizonte y caracola.
A veces la timidez es un muro,
pero te podría yo decir
que, por amarte, te idolatro,
que te siento transcurrir
entre los sueños y los astros,
como un habitante permanente de mi almohada.
Te podría confirmar
que tu presencia luminosa,
lejos de ser un trámite cualquiera,
ha venido a provocar
el desenlace de la rosa.
Porque antes de vos la casa era otra cosa,
un inventario de ausencias,
un balance con saldo negativo.
Nunca nadie, mi pequeña flor,
breve como el aire a tu alrededor.
Nunca nadie podía imaginar,
que sólo con llegar,
con ese modo tuyo de desarmar la prisa,
cambiaba la estructura de vivir,
mitad a oscuras, por la luz de tu ternura
por las ganas de estar vivos.