Dos sonetos mitológicos.
LA BARCA DE CARONTE
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Más lejos estará la gris laguna,
la otra realidad, la nada nimia,
y marcada en el mármol la acronimia
de lo que antes fuimos, no habrá alguna
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señal que más lo diga, ni ninguna
posible vuelta, solo la bionimia
nuestra y de ella, marchando con la alquimia
del polvo, dos figuras siendo una.
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Y ha de ser en la tierra en la que yazca,
con el clavel, el cuerpo, donde nazca
nuevo y desconocido otro horizonte
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para ir como al llegar, vacío. Queda
aquí el orgullo. Solo una moneda
basta para la barca de Caronte.
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EN ESE INFIERNO QUE DESCRIBIÓ DANTE
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Sopla con brío el viento en la ensenada
y moldea las rocas, las cincela,
e invisible confluye con la estela
que conduce a la edénica morada.
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Arrecia, ruge, surge de la nada
la mano que a las nubes remodela,
con la furia salvaje que revela
el poder de su fuerza inusitada.
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Si fuese como un viento recio y grueso,
sería de los cielos gobernante,
escultor de las rocas y, en exceso,
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en el edén sería ardiente amante,
mas solamente soy de carne y hueso
en ese infierno que describió Dante.
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Pedro Hernández