EL LETRADO
¡Atención, pueblo ilustrado,
silencio en la concurrencia!
Ha llegado el licenciado
en ciencias de la apariencia.
No tiene despacho,
ni título colgado,
ni cliente que pague,
ni pleito ganado;
pero habla tan serio,
con tanta elocuencia,
que hasta el más prudente
le pide una audiencia.
¡Yo soy hombre de talento,
de cultura y de razón!
¡Tengo un verbo contundente
y una vasta erudición!
Sé de leyes y de historia,
de política y moral,
de economía, astrofísica,
de cocina... ¡y de fiscal!
Si me preguntan por Roma,
les respondo con soltura;
si me preguntan por Grecia,
les doy clase de escultura.
Y si ignoro alguna cosa,
¡que tampoco es novedad!,
la explico con tal aplomo
que parece una verdad.
—¿Pero tiene usted oficio?
¡Oficio! ¡Qué pregunta tan vulgar!
Yo no tengo un oficio:
¡tengo una personalidad!
El oficio es para el hombre
que trabaja con las manos;
yo trabajo con la lengua,
¡y cobro... cuando se puede, hermano!
—¿Y qué sabe hacer?
¡De todo!
—¿Y qué ha hecho?
¡Casi nada!
Pero eso no me descalifica:
¡me mantiene la reputación intacta!
He sido juez sin tribunal,
capitán sin embarcación,
ministro sin ministerio,
y experto en cualquier cuestión.
—¿Y estudió?
¡Por supuesto!
—¿Dónde?
¡En todas partes!
Tengo una biblioteca inmensa...
—¿De libros?
¡De fotografías!
—¿Y los ha leído?
¡No todos!
Pero los conozco de vista,
y eso, en ciertos círculos,
ya constituye una conquista.
¡Soy letrado, soy letrado,
de saber estoy graduado!
¡Sé de todo un poco
y de nada me abstengo!
¡Sé de física cuántica,
de derecho procesal,
de literatura clásica
y del arte de almorzar!
¡Sé de vinos, sé de versos,
sé de guerras y de paz,
sé por qué llueve en agosto
y por qué no llueve más!
—¡Pero díganos, letrado,
¿cuál es su profesión?!
¡Mi profesión es tener siempre
una explicación!
Si la ciencia me contradice,
¡la ciencia está equivocada!
Si un experto me desmiente,
¡es que no sabe absolutamente nada!
¡Letrado!
¡Sin oficio!
¡Erudito!
¡De ocasión!
¡Mucho verbo!
¡Poca acción!
¡Letrado, letrado,
sin oficio ni patrón!
¡Licenciado en palabrería,
doctor en explicación!
—¿Y de qué vive, letrado?
¡De mi vasta preparación!
—¿Y cuál es su profesión?
¡La profesión de saberlo todo!
—¿Y trabajar?
¡Eso requiere especialización!
¡Yo no trabajo, yo asesoro,
yo no cobro, yo valoro,
yo no miento, yo interpreto,
yo no ignoro... ¡yo decreto!
¡Letrado sin oficio!
¡Maestro de la explicación!
¡Tiene respuesta para todo
y ninguna ocupación!
¡Y si algún día encuentro un puesto
digno de mi condición,
lo rechazaré de inmediato...
¡por falta de remuneración!
¡Letrado!
¡Sin oficio!
¡Sin trabajo!
¡Pero con opinión!