Francisquico

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Qué raro es el católico,

¿qué hago yo de madrugada,

a las tres y veintiuno,

delante de vuestra mirada?

 

Dios de mi alma,

o quizá de mi locura,

en la noche de insomnio 

mi respirar vuelve a buscaros,

sin saber si os busca

o si huye de la tortura.

 

 

¿Os echo de menos, Señor?

¿O es mi soledad la que miente?

¿Qué queréis de este desorden

que os mira de frente?

 

En mi mente pasan dos amores:

tú y él,

y os soy sincero, Dios mío,

no sé con quién quedarme,

ni sé qué hacer con mi querer.

 

Anhelo a alguien que no existe,

que solo vive en mi pensamiento,

un rostro que no conozco

y que encuentro en mis sueños.

 

Regalo del cielo,

eso os pido en mi oración,

que venga de vuestras manos

y repose en mi corazón.

 

Bañadnos en vuestra sangre,

en el agua de ese costado,

que si ha de llegar el amor,

sea por Vos regalado.

 

Dios de la locura,

locura de Dios...

¿Qué hago a las tres y veintisiete

hablando a solas con vos?