Mezclo tu boca con fresas,
tu risa con piña dorada,
y en la copa de mis promesas
se agita tu piel encantada.
El mango me sabe a tu beso,
la sandía a tu risa traviesa,
y el kiwi, con su verde exceso,
me enciende la sangre en la mesa.
Banana que baila en tu sombra,
papaya que arde en tu piel,
cada fruta tu cuerpo nombra,
cada sorbo me sabe a miel.
Delicioso juego de sabores,
placer y brindis de pasión,
en tu abrazo crecen las flores
y el deseo se vuelve canción.
Cóctel ardiente, copa divina,
tu cuerpo es mi fruta prohibida,
y en cada sorbo la vida destina
que el amor sea fiesta encendida.
Annabeth Aparicio de León
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