William Contraponto

Parráfo 175

PÁRRAFO 175

 

Dos hombres compartían la misma espera,

dos vidas guardadas en la discreción,

mientras una norma fría y severa

intentaba convertir el afecto en infracción.

 

Había una habitación, una ventana, una ciudad,

y un mundo que no les permitía escoger,

pero entre ambos permanecía la voluntad

de seguir juntos, a pesar del poder.

 

Un número pasó a nombrar sus vidas,

un papel decidió aquello que debían ser,

y un triángulo rosa sobre sus prendas

pasó a señalar aquello que no podían esconder.

 

No había culpa en aquel sentimiento,

ni amenaza alguna en lo que los unía,

pero el poder convirtió un simple vínculo

en motivo para negarles la alegría.

 

Después llegaron los portones y la distancia,

un lugar donde el miedo aprendió a mandar,

y el tiempo perdió toda importancia

ante un destino imposible de cambiar.

 

Quedaron atrás los días compartidos,

las conversaciones, los libros, la antigua afección,

y dos nombres, casi desaparecidos,

permanecieron guardados en la memoria.

 

Hoy queda solamente aquel número,

frío como una marca perdida en el papel,

y un triángulo rosa en la memoria

como testimonio de un tiempo cruel.

 

Porque ninguna ley tiene el derecho

de decidir aquello que alguien puede sentir,

y ningún poder consigue por decreto

decidir quién merece amar o existir.