No hay reloj que se equivoque,
ni camino sin razón,
cada instante tiene su hora,
cada encuentro, su ocasión.
Lo que es bueno no se pierde,
aunque tarde en florecer;
hay semillas que en silencio
solo esperan su momento de nacer.
A veces queremos flores
cuando apenas nace el jardín,
sin saber que hasta la espera
forma parte del porvenir.
Todo llega cuando debe,
ni temprano ni después;
lo que guarda el destino
encuentra su momento al fin.
Y quizá la vida sabe
lo que nosotros no sabemos:
que las cosas más bonitas
llegan justo cuando deben llegar,
cuando el corazón está listo
y el tiempo se vuelve perfecto.
B&: Zuleyma Arroyo