He perdido en los últimos días
el viento del otoño,
el invierno sin primaveras,
la semilla del fruto jugoso,
y el alma que no sé si tenía.
Debí nacer
y aprender a transitar
acuñada de salitre y polvo.
Pero mi geografía de lodazal
nunca llegó a convertirse en poesía.
A mitad del llano de mi vida,
estéril de ternura,
proletaria y mendiga,
aguardo.