Federico Mendo Sánchez

TÚ Y EL MAR

Sentada sobre las rocas, contemplas el inmenso mar,

con el viento entre tus rizos y el sol sobre tu piel;

parece que hasta las olas te quisieran abrazar,

mientras el cielo se viste de un azul suave y oropel.

 

Tu sonrisa tiene el brillo de una mañana de verano,

y en tus ojos se refleja la inmensidad del mar;

la brisa acaricia tu rostro con su mano de artesano,

y la naturaleza entera te va invitando a soñar.

 

Hay instantes que se quedan para siempre en la memoria,

como este hermoso paisaje que el tiempo no borrará;

una mujer, mar y cielo compartiendo la misma historia,

y una imagen que, al mirarla, el corazón recordará.

 

Entre espuma, sol y rocas se dibuja tu figura,

como un verso que la vida quiso escribir junto al mar;

hay belleza en tu presencia, natural y siempre pura,

y una paz en tu mirada que invita a contemplar.

 

Que las olas te susurren sus canciones de esperanza,

que la brisa te acompañe en tu dulce caminar;

jamás pierdas la dicha, la ilusión y la confianza,

ni esa hermosa primavera que llevas en tu mirar.

 

Y si algún día esta imagen vuelve a cruzar mi pensamiento,

recordaré aquel instante que te vi frente al azul del mar;

porque existen bellos momentos que no se los lleva el viento,

y este quedará en el recuerdo, cuando al mar venga a contemplar.