En el Departamento de Durazno ,se encuentra un pequeño pueblo llamado ”Cerro Chato”, allí viví todas mis vacaciones escolares.
Ni bien terminaban los cursos, ya estaban empacadas las maletas y al otro día de madrugada salíamos con mi Madre y hermana a “las vacaciones”.
Esa antenoche nos acostábamos temprano, pues debíamos ir de madrugada a la estación, para tomar el tren que nos dejaría alrededor del mediodía en nuestro anhelado destino. Les cuento .yo casi no dormía ,!tan grande era el estado ansioso de mi niñez implacable!
Traviesa a mas no poder como era, juguetona y alegre, solo deseaba llegar pronto a la casa de mi Tío Jacinto y jugar con mis primos Cristina y Pablo.
Salir así sin luz del día …envueltas en una noche casi amanecida que nos sustentaba en una suerte de fantasía alucinante ¡que bella estadía del alma ¡Llegar a la estación ,con sus gigantes columnas y arcos redondos ,estatuas ,andenes ,todo ¡grandísimo! Mi pequeña vida se engalanaba de estas figuras cubiertas aún por las pálidas luces que comenzaban a dejarse ver…los vidrios de la boletería como espejos me delataban ,mi rostro no podía expresar mayor alegría, aun sin reír, creo que esta irradiaba por todo mi Ser. Mamá sacaba los boletos, gruesos cartones celestes con letras y números negros que luego los inspectores, a lo largo del trayecto iban mordiendo con sus tenacillas indagadoras.
Nos sentábamos las tres en un viejo banco a esperar “nuestro tren”…y al fin pitando fuertemente envuelto en un humo negruzco llegaba….las maletas previamente revisadas y despachadas ya no están ,solo el bolso de mano de Mamá que guardaba el alimento de aquellas largas casi siete horas de travesía.
Al subir y nos, siempre quedaba sola, pues los asientos eran de a dos con una mesilla en medio, más no me preocupaba podía adoptar las más inimaginables posiciones…lo cual me mantenía en mi estado de alerta…
Pasaba entre los bancos un mozo que boceaba” tortugas, medias lunas, empanadas, bizcochos…”
Entonces un ligero sonido salía de mi vientre, como un rugido de pequeño gato….era mi delator pedido. Entonces comenzaba el rito del bolso: paquetillos de papel de estraza se comenzaban a abrir y los manjares maternales se veían esplendidos. Buñuelos de acelga, albondiguillas de pollo torta de dulce membrillo….y por supuesto “leche entera de ordeñe” casi crema…..
El conductor iba entonando el nombre de las diversas estaciones o pueblos de los que recuerdo solamente “Mansavillagra” ¡Que increíble la selección de la memoria ¡eran tantos lugares …!
Mis ojos devoraban el paisaje gaucho coronado de vallecitos, arroyos, y muchas vacas y terneros que pastaban alegres al paso del tren. Algún jinete que alzaba la mano ofrendo un saludo de bienvenida a estas sagradas tierras Charrúas .Luego de horas interminables .Descender, retirar las maletas, que veiansé desordenadas por la revisión. El implacable sol del mediodía. La estación vieja…y EL venía hacia nosotros con los brazos abiertos .para estrujarnos ,su sonrisa ¡tan blanca! Su casi dos metros de indio mestizo…!al fin llegamos!.