Languidece la tarde.
Las horas me poseen
con pasión infinita
y me nutro del viento
que pasa y me refresca.
Me acurruco en mi vientre
como una golondrina,
mientras tú te paseas
como perro sin amo
por esos rinconcitos
donde hace tanto frío.
Ruiseñor que se escampa
en esta cabellera.
Me he quedado atisbando
los soles del verano
para que entre el invierno
sin tocar
el olvido.
L.G.