Mis versos brotan
del hueco entre dos latidos,
del limbo al que se mudan
las decisiones que no se toman.
Asomados al balcón
de mis recuerdos,
se dejan caer,
agarrados de la mano
a soledad y malquerer
balbucean, buscando perlas
de verdad y atardecer.
Y también buscan el sol,
y zambullirse en su fulgor.
Barro y fuego, humo y lluvia,
como tambores de viejas guerras
persiguiendo el brillo de una estrella.
Y no saben que ya son ella,
que ya son todo lo que quieren.
Y a veces ven un destello
de esa luz que cura y hiere,
y en un momento que es eterno
se sienten vivir para siempre.
Pero vuelve a girar el tiempo
y de nuevo acecha la muerte.