Yendo pájaros,
lobo desasido, esperanza en desuso,
en calles lánguidas de hastío urbano.
Replicaron tu figura en la ausencia, mientras el caos salpicaba el círculo.
Te llenaron la panza de estatuas y sonetos,
Hicieron de vos el templo de la luz profana.
Lobo del abandono, héroe de fábulas tímidas y sin espulgar.
Despertaré entre los polvos, tus cenizas y tus flujos
con la calle semiabierta emulando el abismo, regálame mil olvidos para estrangular.
Sospecho del hacha y la llave, de los tratados de tártaros que devoran en agonía,
sospecho del silencio que en fechas exactas
del embrujo desnudo de tu alma rompe el cristal que refleja tu suerte.
Lobo desasido, ritual de oficina con olor a lignina ajada.
Yendo pájaros, quiero quedarme en tu lengua, emplumar de palabras encontradas en los crucigramas del tiempo.
Corazón de esquimal, poemario que debajo de la almohada nos oye…
Nos oye llorar citas baratas.
Yendo pájaros, en ese aire está el olvido.