William Contraponto

EL MAÑANA NO ESTÁ LISTO

EL MAÑANA NO ESTÁ LISTO

William Contraponto 

 

No basta con levantar ciudades al cielo,

si hay vidas sin puertas por donde pasar,

no basta prometer un cambio nuevo,

si el pueblo sigue sin dónde habitar.

 

Un país no comienza en una bandera,

ni termina encerrado en el discurso oficial,

comienza cuando la vida verdadera

deja de ser tratada como algo banal.

 

Que la escuela enseñe a pensar sin tutela,

que la ciencia no conozca ningún patrón,

que el joven pueda elegir su propia ventana

sin depender del azar ni de su posición.

 

Que la casa sea más que cuatro paredes,

que la salud no dependa de la suerte,

que nadie tenga que cargar con sus redes

buscando a solas su propio norte.

 

Que los rieles atraviesen las distancias,

llevando personas, trabajo y dirección,

que la industria convierta nuestras esperanzas

en conocimiento, empleo y producción.

 

Que la tierra produzca sin herir el bosque,

que el campo tenga futuro y dignidad,

que el progreso no cobre un precio injusto

a quienes sostienen nuestra sociedad.

 

Y si hay riqueza escondida bajo el suelo,

que no termine convertida solo en dinero:

que se vuelva escuela, investigación y oficio,

que deje conocimiento en el país entero.

 

No quiero una patria hecha de unanimidad,

donde disentir sea considerado traición;

quiero una democracia con libertad

para la pregunta, la crítica y la contestación.

 

Porque escuchar no significa estar de acuerdo,

y vencer no significa tener siempre la razón;

a veces hay que perder para comprender

aquello que faltó en nuestra decisión.

 

Que el gobierno sepa también cuestionarse,

que el poder no se confunda con la verdad,

que el pueblo pueda entrar, hablar y participar

sin pedir permiso a la autoridad.

 

Si el presupuesto nace de la población,

que vuelva a ella convertido en acción;

no quiero promesas vestidas de elección,

quiero palabras transformadas en realización.

 

Tal vez ningún proyecto alcance la perfección,

tal vez todo camino cargue algún error;

pero un país que acepta la corrección

ya comienza a vencer su propio temor.

 

No somos el futuro que alguien diseñó,

ni el pasado que se empeña en permanecer;

somos aquello que aún no se completó,

somos la pregunta que decidió vivir.

 

El mañana no pertenece al poder,

ni nace terminado en manos de alguien;

es la elección de quien decide hacer

de su propio camino, un camino también.