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El lenguaje del alfarero

El lenguaje del alfarero

En el taller del alfarero, modelando el barro, presenciaba conmovido cómo nacían de sus manos nuevas vidas.

De cada palabra que salía de su boca se creaba una nueva forma.

Al decir «jarro», hacíase un jarro.
Al decir «vaso», hacíase un vaso.

Para ello solo tenía que introducir sus dedos en el barro y, según el alma de ese barro, sus manos se movían, dando forma a un nuevo ser.

Carne, verbo y barro.

Contemplaba los misterios de la creación en aquel sencillo lugar: una pequeña habitación, un hombre sentado en un humilde taburete, frente a un torno y una bola de barro.

Ángel Blasco