Midnightfrases

El día en que volvió el sol

Ayer murió el hogar

 

Yo nunca busqué mi salvación en nadie.

 

Nunca necesité que alguien viniera a rescatarme

de mis propios infiernos.

 

Siempre supe quererme.

A mi manera.

De una forma casi extraña,

casi feroz,

pero profundamente mía.

 

Yo sabía quién era.

 

Hasta que llegaste tú.

 

Y no llegaste como una salvadora.

 

Llegaste como algo mucho más peligroso:

 

como hogar.

 

Y cuando uno encuentra un hogar

después de haber aprendido a vivir solo,

empieza a confundir su ausencia

con la ausencia de todo.

 

Tú no eras mi redención.

 

Eras el lugar

al que quería regresar.

 

Y cuando te fuiste,

no supe qué hacer con todo ese amor

que todavía tenía dónde ir

pero ya no tenía dónde quedarse.

 

Entonces me convertí en adicto.

 

Adicto a los recuerdos.

A las preguntas.

A los “qué hubiera pasado si”.

A imaginar conversaciones

que nunca ocurrieron.

 

Adicto a una historia

que yo seguía escribiendo

aunque tú ya habías cerrado el libro.

 

Durante meses viví en mi propio infierno.

 

Y lo más extraño

es que vivía debajo del sol

pero no podía verlo.

 

El sol seguía ahí.

 

Todas las mañanas.

 

Sobre mi cabeza.

 

La vida seguía ocurriendo,

la gente seguía riendo,

el mundo seguía girando,

pero yo estaba convencido

de que desde que te fuiste

había desaparecido la luz.

 

Decía que ya no había sol.

 

Pero el sol nunca se fue.

 

Yo fui quien dejó de mirarlo.

 

Miraba hacia arriba

buscando el cielo que había perdido,

convencido de que ese cielo

seguía teniendo tu nombre.

 

Y mientras yo seguía ahí,

completamente enamorado,

sangrando por nosotros,

tú estabas construyendo una vida

con alguien más.

 

Yo no quería a nadie más.

 

No porque necesitara que me salvaran,

sino porque todavía estaba en casa.

 

Mi problema era que mi casa ya no existía.

 

Y ayer lo entendí.

 

No cuando supe que estás con alguien.

 

Eso podía aceptarlo.

 

Lo que cambió todo

fue entender que mientras yo sufría,

mientras me preguntaba qué había pasado,

mientras intentaba encontrar una explicación

para volver a respirar,

 

tú ya tenias un anillo entre tus dedos.

 

Y sentí una tristeza enorme.

 

No por perderte.

 

Sino por mí.

 

Por aquel hombre que pasó meses llorando

por alguien que ya estaba construyendo

una vida distinta.

 

Por todas esas noches sin dormir.

 

Por todas las lágrimas.

 

Por todas las veces que me culpé.

 

Por todas las veces que pensé

que tenía que luchar un poco más.

 

Qué ironía.

 

Yo seguía intentando encontrar el camino

de regreso a casa,

 

sin saber que la persona

que yo llamaba hogar

ya había construido otro.

 

Y entonces ocurrió algo extraño.

 

Ayer moriste para mi corazón.

 

No porque haya dejado de quererte.

 

No porque lo nuestro haya sido mentira.

 

No porque quiera borrar tu nombre

de mi historia.

 

Moriste porque algo dentro de mí

finalmente dejó de esperarte.

 

Murió la fantasía.

 

Murió la espera.

 

Murió el hombre que seguía mirando hacia atrás

buscando a la mujer que había perdido.

 

Y quizá eso sea lo que llamo traición.

 

No que hayas elegido a alguien más.

 

Sino que yo estaba dispuesto

a seguir destruyéndome por una historia

que tú ya habías dejado atrás.

 

Pero ayer, por primera vez,

volví a ver el sol.

 

Y entendí algo que durante meses

fui incapaz de entender:

 

el sol nunca dejó de estar ahí.

 

Yo solamente había olvidado

cómo mirar hacia él.

 

Ayer no perdí mi cielo.

 

Recuperé mi mundo.

 

Porque yo ya sabía vivir antes de ti.

 

Yo ya sabía amarme.

 

Tú llegaste y me enseñaste

lo hermoso que podía ser tener un hogar.

 

Y ahora me toca aprender algo todavía más difícil:

 

que un hogar puede perderse

sin que uno tenga que perderse con él.

 

Así que no voy a buscar otra casa.

 

Voy a reconstruir la mía.

 

Ladrillo por ladrillo.

 

Con mis propias manos.

 

Y esta vez,

cuando vuelva a mirar al cielo,

no voy a esperar que alguien aparezca.

 

Voy a recordar

que el hombre que sobrevivió al infierno

 

siempre fui yo.