Mujer mía,
¿Quién podría tener tus manos, tu sonrisa, tu suavidad?
Nadie, porque solo tú despiertas mi piel y mi corazón.
No espero nada de nadie, porque tú eres mi primer amor y mi última pasión.
Entre sábanas quedó nuestro fuego, la locura de dos cuerpos que se entregan sin medida,
el derroche de cariño que me consume y me hace suyo de mi delirio, y mi deseo.
Gerardo duaris