Alma desordenada, inconclusa,
es solo el dolor de perder la fe;
es el momento de odiar el poder,
puede ser el instante de la duda.
Desordenándome puedo entender
por qué eres incondicional, por una
simple razón: no será el viento,
¿será el tiempo maldito?
No existe el dolor; el perdón se levantará
por insistencia del dolor, aunque recibas
del alma la ingratitud; esperaré por la vida.
Un día tomaré mi barca, saldré de tu vida,
regresaré sobre el lomo del viento
y renunciaré a ti, porque en tu esencia
serás tú misma.
Desordenarme ante tus pies
no significa que pueda entender
el porqué de la vida arruinada,
la vida marcada para comprender
el desorden de los tiempos.
La gangrena ha erosionado los sueños;
por ingenuidad fuimos pecando
mientras el cáncer se adueñaba
de la vida.
Así fue de desordenada nuestra galaxia:
nos fuimos juntando y desaparecimos;
del poder, el sueño fue alcanzado por la ingravidez
de un estado que nosotros desordenamos.
Lázaro Vasallo
23/04/2026
Mundo Pérdido