El hombre que reparte la luz
A Henry Alejandro Morales,
por esa rara y hermosa generosidad de mirar a los demás con admiración, reconocer su luz y convertirla en poesía.
Porque quien sabe celebrar la voz ajena también deja, sin proponérselo, la huella de la suya.
Con mi gratitud y mi cariño.
Vas de nombre en nombre
como quien recorre una casa inmensa
dejando una lámpara junto a cada puerta.
Te detienes donde alguien arde.
No preguntaste cuánto dolió.
Acercas una palabra
y queda encendida.
Has nombrado la tierra,
el hueso,
la luz,
la madre,
la maestra,
la poeta.
Y mientras levantas a los otros
algo tuyo queda respirando
entre sus nombres.
Porque también se retrata
quien sabe mirar.
Qué difícil esa grandeza.
Qué poco ruido hace.
Tomas lo que otro ha sembrado,
lo sostienes un instante entre tus manos
y lo devuelves convertido en canto.
Caminas hacia la luz ajena.
La señalas.
La nombras.
Y acaso por eso
la luz termina encontrándote.
Hoy quisiera invertir el camino.
Que la palabra vuelva hacia ti.
Que por una vez
seas tú quien reciba el faro
que has levantado en la vida de los otros.
Quédate quieto, Henry.
Déjanos mirarte.
Detrás del poeta que celebra
hay un hombre generoso.
Detrás de ese hombre
una ternura que apenas hace ruido.
Y detrás de esa ternura,
un corazón capaz de alegrarse
porque otro existe.
Hay quienes miran una estrella
y saben dejarla arder en su cielo.
Tú la señalas.
La nombras.
Y sigues caminando.
Por eso hoy la palabra regresa.
Vuelve con la luz
que fuiste dejando
junto a cada puerta.
Vuelve para encontrarte.
Vuelve para nombrarte.
Vuelve para dejar en tus manos
algo de todo lo que has entregado.
Y si alguna vez preguntas
qué has dejado entre nosotros,
mira alrededor:
hay poetas caminando
con un poco más de luz
porque un hombre se detuvo a leerlos
y tuvo la delicadeza
de decírselo.
Ese hombre eres tú,
Henry Alejandro Morales.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
15 de agosto al año 2026