Leer un libro, es un acto raro. En mis recovecos mentales no se adentran letras, quedan mancilladas, esas que alguna vez mis pupilas enfocaron. Sin embargo, hay bocanadas, alientos de un sentimiento, que se tejen de manera impía, disidentes a lo cuantitativo, sobre un pasado olvidado, y un futuro lleno de su cultivo.