autor: Dario Daniel Lugo
Nos enseñaron a temer a la falta de reflejo,
a construir fortalezas de vidrio frente a lo insondable.
Pero la razón encuentra su madurez
cuando acepta que la pupila tiene su límite.
Habitar la ceguera no es la derrota del pensamiento;
es el rigor de quien no requiere ilusiones ópticas.
La sombra es una puerta sin picaporte:
no se fuerza su entrada, se asume su estancia.