Aquel día, al verte alejar bajo las primeras luces del alba, debo confesarte que sentí que moría, aunque en realidad muerto ya estoy. Has sido tú solamente quien ha conseguido revivir este marchito
corazón.
Sé que soy un monstruo al que ningún
espejo devuelve reflejo, pero solo en el
brillo de tus hermosos ojos he logrado
contemplarme por completo.
Mírame una vez más y dime que ya
nada deseas de esto, porque me
corroe imaginar que podría perderte
para siempre sin haberlo intentado
una vez más.
Sé la luz que mi eterna noche necesita,
y seré yo la sombra que vele tu camino.
No dejemos que esta historia termine
cuando aún podemos reescribir juntos
nuestro destino. 🦇🦇