Esos necios deben ser escuchados,
cuando callan, que entonces son discretos.
Pues hablando son truenos y son ecos,
y en su boca con la ciencia anda a palos.
Bufones de sí mismos, coronados
con plumas de gansos y con secretos
que no entienden ni ellos, que son completos
están de orgullo y de vientos hinchados.
Altaneros caminan por la plaza,
dando lecciones que nadie les pide,
vendiendo el humo envuelto en una taza.
Mas si la boca cierran, Dios lo mide:
que en su silencio el mundo al fin descansa,
y el necio, por milagro, nos convide.
Jaime Correa © derechos reservados
Voz del poeta : WEB