R. Sáez

Ella

Fue ella,
siempre fue ella.
No lo sabía,
uno nunca sabe nada
pero era ella,
no era solo una muchacha
que danzaba en el mar:
la palpable desnuda,
sangrante desde el fondo
hacia los meses.
Era ella
porque a veces no sonreía,
porque de puntillas lloraba
y yo la quería,
aunque el mundo la rompiera,
aunque la noche le doliera.


Yo la quería,
de cualquier forma
sobre el olvido.