Aquella mujer tan hermosa,
con sus tacones era mi musa;
bailaba con un gran talento,
sus mil pasos, en momentos.
Tan cortos y tan armónicos,
como sus ojos eran tan bonitos;
que relucían su confiada alma,
pues ella misma se ama.
Muestra su talento al mundo,
sin pena, pues siempre lo ha deseado;
con tus pasos, yo solo me enamoré,
pues esas hermosas piernas querré.
Tu cuerpo, tan hermoso y deslumbrante,
tan solo me parecía bellamente,
una obra de arte a punto de completarse;
como si dos cisnes fueran a besarse.
Autor: Samuel Fuentes