El Limonero
Me regalaron un limonero, hermoso,
con flores de las cuatro estaciones,
con hojas grandes y bellas.
Apenas cuatro o cinco días después,
empezó a soltar todo:
sus hojas, sus flores,
sus limones chiquititos que tenía,
antes de que pudiera plantarlo.
Consulté con quien entiende de estas cosas
y me dijo que había sufrido estrés.
Yo me reí y pensé:
es como la rosa cuando llega su ocaso
y suelta sus pétalos uno a uno.
Mi limonero se quedó pelado,
desnudo, sin nada en sus ramas.
Pasó un mes y otro,
y hoy lo veo:
con hojitas tiernas y nuevas,
con flores recién nacidas,
vuelve a vivir, vuelve a ser.
Qué imagen tan real y tan profunda:
una planta que sufre estrés
parece desprenderse de sí misma,
como si el alma abandonara el cuerpo,
perdiendo su luz, su fuerza, su vestir.
Así lucía mi limonero: desnudo, en silencio,
guardando vida bajo su madera.
Pero hoy te veo radiante,
con hojas y flores renacidas.
Me llenás de esperanza:
sé que en un tiempo no muy lejano
te veré crecer, fuerte y victorioso,
grande y florecido por entero
en mi jardín.
Autor: AntonioPais._
La Paz,
Dpto: San Javier._
Córdoba,
🇦🇷Argentina🇵🇹