Caminar con un verso que sea un cielo
y contenga la lluvia de imágenes
que desbordan mi cuerpo,
para parecer viento.
Caminar entre dos caballos hambrientos
que se devoran la prosa y la poesía,
en el sitio donde colisionan
los universos inversos.
Develar los renglones que rodean
los peligrosos gestos de la palabra
que borronea prosas y versos
con la sangre que gotea mi habla.