Hay un rostro sonriente
que espera cada mañana,
como la luz que se queda
un instante en la ventana.
Y sin embargo, a veces,
cuando la tarde se inclina,
regresa una vieja música
que creía perdida.
No sé si es la memoria.
No sé si es la costumbre.
O si el amor, cuando ha sido cierto,
encuentra modos de esconderse.
Aparece en un gesto cualquiera,
en una forma de nombrar las cosas,
en el temblor de una sonrisa
que se parece a otra sonrisa.
Y entonces nadie sabe
qué nombre darle a la nostalgia:
si es ausencia,
si es recuerdo,
o si es una pequeña llama
que aprendió a vivir a oscuras.
Mientras tanto,
un rostro amado sigue aquí,
llenando de pan y de mañanas
los rincones de la casa.
Y el corazón,
torpe como siempre,
No distingue las cosas que pasan
Si es dolor lo que siente cuando recuerda
O es amor presente el que sana.