Debo abandonar esta nostalgia.
Destinada a fortalecer mi alegría,
me mudo de tristeza.
Abandono la nostalgia,
pero no la memoria;
porque hasta el barro
soñó alguna vez
la posesión de las flores.
Me adentro en mí misma.
Aún no reconozco mi sombra,
pero avanzo.
Me desperezo,
me aparto del trotar del tiempo,
como hoja tendida
sobre fantasmas
de desesperación,
mientras el mundo
gira en torno a sí.
Me ciño a la esperanza,
con mi suerte echada al viento.
Siendo esta mi maestra,
me dejo guiar
para siempre.
Y quizás un día
me vuelva pájaro
o atrape el aire.
Quizá las losas negras
que me doblegaron aquel día
me encuentren
plenamente fortalecida.