Abismos del corazón,
profundos y oscuros,
donde a veces me pierdo
sin encontrar la salida,
con el alma en vilo
y el pulso tembloroso.
Allí habitan obsesiones
que traen sangre en lugar de calma,
heridas que no cierran,
pensamientos que giran
como remolinos en la mente,
consumiendo la paz
y dejando cicatrices invisibles.
En esos abismos me busco y me pierdo,
explorando los rincones más secretos,
donde la esperanza titila
y el miedo acecha con pasos de sombra.
Sin embargo, incluso en la profundidad
más honda del dolor,
una luz se filtra
desde lo alto,
recordándome que las heridas
también pueden enseñar,
y que el corazón,
por más abismo que guarde,
sabe renacer desde sus ruinas.
Abismos del corazón,
territorios de sombra y de fuego,
donde la pasión y el dolor
se encuentran y se reconocen,
donde aprendí que amar
es a veces caer,
pero también es aprender a volar
incluso con las alas rotas.