Nos llaman zurdos de mierda
por abrazar la hermandad,
nos lanzan piedras de odio
por buscar la dignidad.
Se creen seres supremos
de un universo sagrado,
quieren comprar la existencia
y privatizar el mercado.
Así caminan el mundo
bajo una falsa bandera,
cuando se sientan al trono
se les cae la careta.
Se abrazan a la matraca,
comulgan con la codicia,
mientras al pueblo desnudan
le roban hasta la risa.
¡Ay, mercaderes del miedo, dueños de la falsedad!
Venden la patria en pedazos, compran la necesidad.
Pero este canto no calla, no se arrodilla el dolor,
¡somos la mano izquierda latiendo en el corazón!
Llegaron con el engaño,
ineficientes y oscuros,
se montaron en mentiras
como piratas de muros.
Esa es la vieja derecha,
la de la moral herida,
no les importa el destierro
ni les importa la vida.
Finjan su falsa piedad
mientras provocan el llanto,
crean las crisis del hambre
y luego ofrecen su manto.
A cada rato golpean
con su cinismo la cara,
nos venden falsos discursos
y la factura sale cara.
Se venden por tres monedas
al mejor de los postores,
saquean toda la tierra
estos eternos traidores.
Pero no nos quedaremos
sentados en la banqueta,
¡que la palabra despierte
y que responda el poeta!